Qué visitar en Tarifa
Tarifa es un lugar mágico, un enclave geográfico espectacular, encrucijada entre continentes y mares, con un hermoso paisaje natural costero y terrestre bien conservado y un clima que le da fama y carácter.
Por su ubicación, en el extremo mas al sur del continente europeo, Tarifa ha tenido a lo largo de los siglos tanta relación con ese continente como con el africano, hasta el punto que algunos autores plantean que el hombre llegó a nuestro continente por el Estrecho de Gibraltar. Yacimientos y pinturas Paleolíticas, muestran el temprano poblamiento por parte de bandas de cazadores-recolectores. De la prehistoria más reciente se conservan vestigios, como la necrópolis de los Algarbes, emplazada en el extremo oeste de la ensenada de Valdevaqueros.
Los fenicios, que desde el otro extremo del Mediterráneo fueron colonizando diversas áreas costeras, en su ruta de navegación hacia Gadir (Cádiz) debían atravesar el Estrecho, las míticas columnas de Hércules, dios que los fenicios identifican con Melkart. Es en este periodo cuando empiezan a explotarse intensamente los recursos pesqueros. Se han encontrado vestigios de varios asentamientos en los que convivieron los fenicios (y púnicos o cartagineses, que son el mismo pueblo) con los indígenas iberos, que en esta zona eran conocidos como turdetanos. Aparecen de nuevo en Los Algarbes, el subsuelo del castillo de Guzmán el Bueno y en la isla de Tarifa, donde destacan las grandes tumbas excavadas en la roca, y que pudo albergar algún templo.
De Roma también conservamos legado , Baelo Claudia (por el emperador Claudio, que le otorgó el rango de municipio romano), el enclave histórico más conocido de la comarca y uno de los más visitados en Andalucía.
Nuestra tierra será temprana testigo de la llegada del Islam a la península Ibérica, ya que las fuentes escritas narran una expedición dirigida por Tarif ben Malek en el 710, un año antes de la definitiva invasión, y que habría dado nombre a la ciudad, aunque otros autores relacionan este topónimo con el vocablo árabe tarf, o cabo. Pero la prueba más fehaciente del dominio islámico proviene del momento de máximo poder del Islam en al-Andalus, el califato Omeya, con la construcción del castillo por Abd al-Rahman III en el año 349 de la Hégira (960 de nuestra Era).

Tarifa es un lugar mágico, un enclave geográfico espectacular, encrucijada entre continentes y mares. Tiene un hermoso paisaje natural, costero y terrestre bien conservado y un clima que le da fama y carácter.
Está ubicada en el extremo más al sur del continente europeo. Ésta es la razón por la que ha tenido a lo largo de los siglos tanta relación con ese continente como con el africano, hasta el punto de que algunos autores plantean que el hombre llegó a nuestro continente a través del Estrecho de Gibraltar. Tuvo un temprano poblamiento por parte de bandas de cazadores-recolectores. Tiene una densa red de yacimientos paleolíticos en el entorno de la antigua Laguna de la Janda, situada hacia occidente (que fue desecada hace apenas un siglo). Lo más representativo de la zona son las pinturas y grabados paleolíticos de la Cueva del Moro, en la Ensenada de Bolonia, que representan caballos y una yegua preñada. La zona alberga además un gran foco de pinturas post paleolíticas, que ocupan tanto cuevas, como abrigos rocosos poco profundos, tales como la Cueva de Atlanterra o de Las Palomas. En estos enclaves se encuentran representaciones de figuras abstractas o esquemáticas de humanos y de animales. Es un hermoso tesoro extremadamente frágil.
Se conservan otros muchos vestigios de la prehistoria más reciente, como la agrupación de dólmenes y menhires del Aciscar, Facinas y las Caheruelas, probablemente calcolíticos. Así como la Necrópolis de los Algarbes, que está emplazada en el extremo oeste de la ensenada de Valdevaqueros. Esta necrópolis tiene un impresionante conjunto de sepulcros excavados en la roca, algunos son de grandes dimensiones. Están datados en la Edad del Cobre y del Bronce.
Los fenicios fueron colonizando diversas áreas costeras desde el otro extremo del Mediterráneo en su ruta de navegación hacia Gadir (Cádiz).Estos comerciantes debían atravesar el Estrecho donde estaban las míticas columnas de Hércules, a quien los fenicios identifican como el dios Melkart. Es en este periodo cuando se empiezan a explotar intensamente los recursos pesqueros. Se han encontrado vestigios de varios asentamientos en los que convivieron los fenicios, púnicos y cartagineses con los indígenas íberos, que en esta zona eran conocidos como turdetanos. Los fenicios aparecen de nuevo en Los Algarbes, el subsuelo del castillo de Guzmán el Bueno y en la isla de las Palomas. Allí destacan las grandes tumbas excavadas en la roca, y que pudo haber algún templo. Presidiendo la Ensenada de Bolonia se encuentra la Sierra de la Plata, con el yacimiento de la Silla del Papa. Este enclave es un impresionante emplazamiento natural encajonado entre farallones rocosos, y posee un dominio visual privilegiado sobre la costa y la campiña. Puede tratarse de la primera Bailo. Esta ciudad llegó incluso a acuñar monedas bilingües con ese nombre en caracteres neopúnicos y latinos. A finales del siglo II a.C., coinciden con el origen de la Baelo junto a la playa.
Esta ciudad recibe el nombre de Baelo Claudia debido a que el emperador Claudio le otorgó el rango de municipio romano el siglo I d.C. En la zona de Mellaria se conoce el hallazgo de un tesorillo bajoimperial, sarcófagos y una lápida sepulcral que se conserva en la Iglesia de San Mateo.
La zona conocerá tiempos turbulentos, como el paso de los vándalos al norte de África, la presencia visigoda, y durante un periodo de casi un siglo la ocupación de la zona costera por las tropas imperiales de Bizancio, en el intento de Justiniano por recuperar el antiguo Imperio.
A este periodo, sin mucha precisión cronológica, parece asociarse el fenómeno de las tumbas rupestres, excavadas en la roca y muchas de ellas antropomorfas, que se encuentran en varios puntos del término Municipal. Sin embargo, nada sabemos de los poblados con los que se relacionan, pero por su ubicación parece tratarse de un poblamiento muy disperso. Destacan los conjuntos de la Sierra del Retín, Betis o Atlanterra, entre otros varios.
Nuestra tierra será testigo de la llegada del Islam a la península Ibérica en el año 711. Abd al-Rahman III en el año 960 manda construir el castillo. El objetivo principal era proteger este estratégico lugar de paso frente a sus rivales norteafricanos del califato fatimí y consolidar la presencia Omeya.
Pronto la ciudad o medina empieza a crecer, ya que Tarifa será la puerta de la península para Almorávides y Almohades, imperios que desde el Magreb controlarán al-Andalus desde finales del siglo XI al XIII. En el siglo XII El viajero y geógrafo de Ceuta Al Idrisi la denomina Yazirat Tarif (la isla de Tarif). Este geógrafo aporta detalles tales como que eran dos las islas, y que contaba con muralla, zoco y baño, es decir, todo lo necesario para ser considerada una medina. Al periodo almohade parece corresponder la barbacana o muro bajo que rodea el castillo, con su puerta en recodo, o la torre octogonal, unida a éste por un largo muro, llamado coracha. También se les atribuye a los almohades la ampliación de la muralla de la medina , llamada Aljaranda.
El avance cristiano durante el siglo XIII sitúa a Tarifa como una pieza clave en la lucha por el control de esta zona estratégica.La llamada Batalla del Estrecho tuvo lugar entre alianzas cambiantes, los meriníes (que habían suplantado a los almohades en el Magreb) obtienen la cesión de la plaza por los nazaríes, quienes luego se alían con los castellanos para recuperarla. Sancho IV el Bravo conquista Tarifa gracias a la ayuda de Don Alonso Pérez de Guzmán en 1292 tras arduos combates. Esta reconquista de los cristianos da lugar de una vez por todas a 5 siglos de ocupación musulmana en Tarifa. Poco después, en 1294, la ciudad se ve asediada por meriníes y nazaríes. Es entonces cuando se produce la célebre defensa de la ciudad llevada a cabo por su alcaide Guzmán el Bueno. Los asediantes retenían al hijo de Guzmán y querían la ciudad a cambio de la vida del niño. Sin embargo, esto habría supuesto para Tarifa volver a caer en manos musulmanas y Guzmán el Bueno tuvo que optar por sacrificar la vida de su hijo antes que rendir la plaza.
Todavía se asiste en 1340 a otro intento de toma por parte de los musulmanes, lo que dio lugar a otro enfrentamiento internacional. En este nuevo intento de ocupar Tarifa, los musulmanes fueron derrotados por una coalición, que contaba con el rango de Cruzada otorgado por el Papa. Es la conocida como Batalla del Salado, que supuso el definitivo declive de la amenaza islámica en toda la península ibérica.
La Caleta
El paseo puede continuarse hacia el este por La Caleta, bordeando la playa o siguiendo el antiguo sendero costero que comunicaba con Algeciras, que cuenta con un hermoso empedrado y con buenas vistas sobre la campiña y la Isla. Junto a la orilla podemos ver las ruinas de la “Casa del naufrago” y restos de las antiguas instalaciones portuarias junto a las murallas, caídas en desuso tras la pérdida de arena de esta playa debido a la construcción de la escollera de la Isla. Ésta causó un cambio en el régimen de corrientes, arrastrando la arena hacia la isla y dejando las crestas rocosas al descubierto, las cuales muestran toda su belleza con la marea baja.
El Puerto
Buena parte de la razón de la existencia de Tarifa se debe a su actividad portuaria, y la necesidad de protegerla. Las grandes flotas que en ocasiones transportaron tropas desde el Magreb varaban bien en la Playa de los Lances, bien al pie del castillo y las murallas, donde se encontraba una atarazana o astillero en el siglo XVII, o en La Caleta. Tras perder esta última zona la arena, a principios del siglo XX se construye el actual puerto, al abrigo de la isla de las Palomas, otro tradicional refugio de embarcaciones.
El puerto de Tarifa es el lugar más cercano y rápido para cruzar hacia África, con una flota de barcos que la comunica con Tánger en poco más de media hora, por lo que acoge un creciente tráfico, en buena parte turístico.
Tarifa siempre ha sido ciudad marinera, de pescadores y en tiempos también de corsarios. Cuenta aún con una flota pesquera de cierta importancia, que encuentra abrigo en las alargadas dársenas que pertenecieron a lanchas torpederas de tecnología alemana y tripulación española, que tuvieron allí su base entre los años 40 y 70 del pasado siglo. También se pueden ver la actividad de los astilleros en los que reparan los barcos, y disfrutar de hermosas perspectivas del castillo y la Isla. En sus inmediaciones encontramos una cornisa con numerosos bares y restaurantes, en calle Juan Núnez y Avenida Fuerzas Armadas.
Castillo de Santa Catalina
Continuando el camino, a unos 300 metros del Castillo de Guzmán el Bueno llegamos al cerro de Santa Catalina, una de las dos islas que el viajero musulmán al-Idrisi mencionaba en el siglo XII. Posteriormente la arena de la playa y los sedimentos arrastrados por el arroyo que cruzaba Tarifa la unieron al continente. Debe su actual nombre a una antigua ermita dedicada a Santa Catalina de Siena, cuyo único testimonio gráfico es el citado dibujo realizado en 1567. La ermita tenía una sola nave y una pequeña espadaña. En sus inmediaciones existió un manantial. Al ser un lugar apartado, sirvió como lazareto durante la epidemia de peste del siglo XVII.
Pero pronto, por su posición elevada y de control estratégico sobre la isla de las Palomas y el castillo, comenzó a tener uso militar. En 1771 la ermita fue convertida en almacén de pólvora. Durante la Guerra de la Independencia los ingleses la demolieron, empleando como mano de obra los presos de Tarifa, y comenzaron las obras de un fuerte para artillería, reforzado por la construcción de un profundo foso seco, excavado en la misma roca del cerro, y que hoy todavía es visible en parte. Tras la guerra, en 1813, los ingleses abandonan Tarifa.
En 1928, el cerro de Santa Catalina fue solicitado por la comandancia de Marina para construir un castillo que sirviera como complemento del faro de la Isla y albergaba el semáforo del puerto. Las obras del esbelto edificio fueron acabadas en 1933, en un estilo historicista que podemos clasificar como neogótico. Tras la Guerra Civil, las defensas se reforzaron con varios búnkeres, comunicados entre sí por túneles. En el año 1972 se instaló el observatorio meteorológico de la Marina, que en el 2000 se trasladó a otro lugar, pasando Santa Catalina a ser de nuevo propiedad municipal. Actualmente existe un proyecto para la construcción de un centro turístico.
La Isla de Tarifa
Continuando el camino llegamos a La Isla de Tarifa, o de Tarifa, que es la última estribación rocosa del continente europeo, antes de sumergirse en aguas del Estrecho. Su punto más meridional, la Punta Marroquí, lo ocupa en la actualidad un faro, construido en el siglo XIX (el primero del Estrecho de Gibraltar) aprovechando una torre almenara del siglo XVI.
Por su ubicación, justo en el punto donde los mares se ensanchan, debió resultar un lugar mágico para los navegantes que se aventuraban en sus aguas, y por ello se ha planteado que pudo albergar un templo fenicio. Nada quedaría de él, pero sí una serie de hipogeos o tumbas excavadas en la roca, con entrada por medio de un pozo, situadas en el sector más próximo al puerto. Cerca se encuentra un espigón ciclópeo, que también ha sido considerado fenicio, aunque data del siglo XIX.
La isla, de una extensión mayor a la de todo el casco histórico, está formada por dos tipo de roca: la capa inferior es de areniscas silíceas, que dispuestas en crestas rocosas forman la mayor parte del relieve de la zona. A ellas se superpone otro tipo de roca conocido popularmente como ostionera, formado más recientemente por antiguas playas y fondos marinos fosilizados, que alberga gran número de conchas de moluscos. Esta piedra, blanda y fácil de trabajar, ha sido tradicionalmente empleada en la construcción (por ejemplo, del castillo de Guzmán del Bueno) y su extracción ha modificado notablemente la morfología de la isla, siendo todavía visibles algunos cortes de cantera junto al mar, por donde se transportaba, o en la entrada de la isla, cuyo murallón defensivo es en buena parte la misma roca cortada.
La isla no albergó ninguna fortificación hasta la citada torre de 1588, pero no será hasta el siglo XIX, tras la invasión francesa, cuando se construyan en su perímetro una dársena fortificada y una completa serie de baterías, y en el interior cuarteles y un impresionante polvorín subterráneo, excavado en la roca. Hasta 1808 no se construye la escollera que, a modo de itsmo, une la isla con Tarifa, hasta entonces separadas por un brazo de mar y crestas rocosas, distante unos 500 m de Santa Catalina y 800 m del castillo. Desde el momento de su construcción, marca la línea divisoria entre dos mares. En la parte del Mediterráneo la arena que antes se situaba en La Caleta se deposita ahora en la cala junto a la isla, creando la popularmente conocida como “Playa Chica”, a donde los tarifeños gusta acudir, a resguardo de los vientos, y también se realizan los “bautismos” de buceo o primera inmersión. Al otro lado del itsmo, ya en el Atlántico, comienzan los 10 km de la Playa de Los Lances y Valdevaqueros, de fina arena.
Torres almenaras
Las torres vigías o almenaras complementaban el sistema de defensa, creando una red que permitía comunicar alarmas o mensajes por medio de humo de día o llamas de noche. Esta técnica se conoce ya en época púnica, pero son los musulmanes quienes la desarrollan para defenderse de los ataques cristianos. Cuando las tornas cambian, los cristianos reforzarán el sistema existente con la construcción de otras nuevas, para protegerse de los numerosos ataques berberiscos que buscaban capturar personas y ganado. De todas las torres ubicadas en el término tarifeño, la más antigua y también la más visible es la torre de la Peña, conocida también como Roca del Ciervo, que controlaba la Ensenada de Valdevaqueros. Fue construida por los musulmanes entre los siglos XII y XIII, y es de planta cuadrangular. Se sitúa sobre una escarpada peña, y el corto espacio que media entre su base y la orilla de mar fue siempre un lugar valioso para controlar el acceso terrestre a Tarifa desde poniente. Por ella discurre lo que hoy es la Carretera Nacional 340, construida probablemente sobre la antigua Via Heráclea romana. Está atestiguada la lucha que se produjo al pie de la torre durante la Batalla del Salado, el año 1340, o los enfrentamientos entre las fuerzas hispano-británicas y francesas en Guerra de la Independencia.
Destacan también la torres troncocónicas, ya del siglo XVI, del cabo de Gracia (convertida en faro en el siglo XIX, como la de la Isla) y de Guadalmesí, en la desembocadura del río del mismo nombre, al este de Tarifa. Pero el sistema continuaba hacia el interior, del cual son testigos en la zona de Puertollano la Torre del Rayo, musulmana, y la Torregrosa, cristiana y más amplia y lujosa. La riqueza en agua de esa zona era aprovechada para instalar molinos hidráulicos, de los cuales todavía se conserva alguno en funcionamiento. En la zona de Facinas se repite un esquema similar, con restos de varios molinos. Como hemos dicho, además de la pesca, la base de la economía tradicional de la zona ha sido la ganadería, la agricultura y la explotación de los recursos de los montes (madera, carbón, corcho, miel). Existe un buen número de pequeños núcleos de población rural, dispersos por el extenso término municipal de Tarifa, entre los que destacan Facinas y Tahivilla, ambos en el interior, que alcanzaron importancia ya en el siglo XX. En la costa encontramos Bolonia y Atlanterra, surgido este último ya bajo el influjo del turismo.
Durante la Guerra Civil y los siguientes años, debido a la alianza del General Franco con el Eje y la cercanía de Gibraltar, se construyeron en Tarifa gran número de búnkeres para artillería y nidos de ametralladora. Al margen de las grandes baterías costeras, destaca el conjunto fortificado de la Loma de la Cantera, que flanqueaba la llanura inmediata a la playa de Los Lances, aunque se conservan muchos otros dispersos por la costa y el interior.
A lo largo de muchos siglos, Tarifa estuvo condicionada por su valor militar. Prácticamente hasta la llegada de la Democracia, fue una plaza fuerte y el Ejército marcaba la vida diaria con la presencia de numerosos soldados por sus calles, a la vez que contribuía a la preservación del litoral con las zonas reservadas a las baterías. Hoy, obsoleto ya ese sistema estratégico, Tarifa acoge gentes de todo el mundo, mientras toman el relevo de la protección nuevas figuras como el Parque Natural de los Alcornocales, el Parque Natural del Estrecho y las leyes de Patrimonio Histórico. Pero, ante todo, debe ser la conciencia de los tarifeños y de nuestros visitantes sobre la enorme riqueza y fragilidad de nuestro patrimonio, natural e histórico, la que lo preserve.
Alejandro Pérez-Malumbres Landa.
Arqueólogo Municipal

Además de su castillo, Tarifa ha tenido a lo largo de la historia tres recintos amurallados, de los cuales se conservan bastante bien sus restos.
El recinto conocido como Almedina se construye partiendo de la edificación originaria del castillo califal hacia el este, ocupando la continuación de una meseta situada al borde del mar. Destaca la torre del Miramar, donde hacía esquina, girando hacia el norte por calle Aljaranda y Guzmán el Bueno. Este recinto puede datarse en época almorávide, y a él pertenece originalmente la Puerta de la Almedina, con su bóveda de ingreso y seguida de un recodo protegido por rastrillos entre arcos. Tras la ampliación de la muralla, el sector de la muralla de la Almedina que da a calle Aljaranda y Guzmán el Bueno pierde el uso militar, lo que permite que las viviendas se le adosen por ambas caras.
Algo después, quizás en época almohade, el recinto amurallado se amplía hacia el este y en parte hacia el norte. Este nuevo recinto se denomina Aljaranda, y aprovecha todo el frente sur del anterior, prolongándolo hasta la actual esquina sureste, con la torre denominada de los Maderos, donde se aprecian las obras de adecuación en la Edad Moderna para la instalación de artillería. Sigue el sector llamado de Santiago o de Jesús, con poderosas torres hacia la calle María Coronel, la cual discurre por lo que antiguamente era el foso de la muralla, citado en la crónicas de la conquista, y que fue embovedado para desviar el cauce del arroyo que atravesaba Tarifa, y cuya salida podemos ver en La Caleta. Las elevaciones situadas frente a la muralla hacen vulnerable ese flanco, que siempre ha sido elegido por los atacantes, y de hecho la conquista cristiana se inició por allí.
El frente norte quedó en buena parte intramuros tras la última ampliación, y sus restos fueron progresivamente absorbidos por la trama urbana. Se conserva el Macho, una torre de la muralla que quedó aislada y que da nombre a una calle. Junto a ella, en la Cárcel Real, actual Sala de Exposiciones Municipal, se aprovecha en su construcción la torre que protegía la esquina noroeste, rodeada por una barbacana. Este segundo recinto se construye en tapial, con zócalo y esquinas de mampostería.
Finalmente se construye un último recinto, por la saturación del espacio de los anteriores y la necesidad de albergar temporalmente contingentes militares provenientes del Magreb, ya que la ampliación se produjo quizás bajo el dominio de los meriníes norteafricanos, que hicieron de Tarifa su principal puerto. El nuevo recinto amurallado triplica la extensión de todos los anteriores. Traspasa la barrera al norte que suponía el río y abarca toda la vaguada hasta la siguiente elevación, para evitar ser fácilmente atacado. La suma de las diversas murallas crea la planta poligonal actual. La técnica empleada ahora es el tapial recubierto de un paramento de mampostería, con sillarejo en las esquinas de las torres. En diversos puntos del sector norte apoya directamente sobre los afloramientos rocosos.
El sector oriental, inmediato a la Aljaranda y hacia el Retiro, fue reconstruido por soldados ingleses venidos de Gibraltar, que junto a la guarnición española al mando del General Copons resistieron el asedio de las tropas napoleónicas bajo el mando del mariscal Víctor, enfrentamientos en los que la muralla sufrió graves daños, ya que la artillería gala abrió una brecha que fue defendida bravamente. Y es que la Edad Contemporánea no será menos agitada en Tarifa de lo que habían sido los siglos anteriores, y sus murallas pueden alardear de haber sido una de las últimas en haber servido para su función defensiva originaria. Al fallido intento francés de 1811 sigue la algarada liberal de 1823, que supuso para Tarifa sufrir saqueos y otro asedio por parte de los franceses de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis, esta vez con éxito. El siglo XIX vivió otros intentos revolucionarios, debidos a las sangrantes desigualdades existentes entre una oligarquía que controlaba la tierra y el poder municipal, y una gran masa de desheredados: pescadores, ganaderos, artesanos o carboneros.
Volviendo a la muralla, a continuación estaba la Puerta del Retiro o de la Red, que daba paso por un rastrillo al río que atravesaba el pueblo y de la que sólo se conserva un lateral del paso peatonal, en parte embebido en una construcción moderna, a la entrada de La Calzada. A partir de esta puerta la muralla continúa por calle Calzadilla de Téllez hasta la Torre del Corchuelo, que ha sufrido también numerosas intervenciones. El sector norte de la muralla ha sido aprovechado por varias viviendas que se adosan tanto al interior como al exterior, en calle Amador de los Ríos y Avenida de Andalucía. Resulta pintoresco el estrecho paso en la muralla llamado Boquete de la Cilla, que conserva uno de los arcos que se adosaron al interior para el camino de ronda. Centrada en el frente norte se halla la Puerta de Jerez, originalmente con arcos de herradura entre las cuales hay una bóveda de espejo con pinturas. Estaba flanqueada por dos torres, pero en época cristiana el espacio entre ellas se cubre con una bóveda de cañón y un arco. Una pequeña estancia lateral, en la que hasta el siglo XX se cobraba el impuesto del “consumo” sobre toda mercancía que entraba y salía de la ciudad, alberga ahora una obra del célebre pintor tarifeño Guillermo Pérez Villalta. La esquina noroeste de la muralla la forma la Torre de San Sebastián y desde allí, a lo largo del Paseo de la Alameda hasta el castillo, la muralla se conserva sin torres, con un talud en su parte baja y aspilleras en el coronamiento, debido a reformas de época moderna. En ella se abre un postigo, llamado Arco de San Julián, y puertas y ventanas de casas. La antigua Carnicería y Pósito se asoma a la Alameda como un bastión saliente, en el que se reaprovechan una o quizás dos torres anteriores. El último tramo que uniría con el castillo falta en la salida de la Calzada, en donde se ubicaba la también llamada Torre de la Red, que daba salida al río.

DECLARADO CONJUNTO HISTÓRICO – ARTÍSTICO
La ciudad de Tarifa, está declarada Conjunto Histórico. Se pueden encontrar múltiples rincones y detalles que le atraerán.
La muralla ha marcado sus límites hasta fechas recientes, ya que los primeros barrios surgidos extramuros fueron demolidos durante la invasión napoleónica para no comprometer la defensa. Salvo alguna excepción, el conjunto no ha sufrido destrozos irrecuperables, y se conservan numerosas viviendas tradicionales, siempre con una estructura de zaguán de entrada y patio, alrededor del cual se organiza el espacio. Muchos son edificios barrocos, en los que los arcos de los patios apoyan tanto sobre columnas de piedra como sobre pilares de ladrillo octogonales, y otros muchos se construyen en el siglo XIX. Suelen estar abiertos, pero el visitante debe tener en consideración que están habitados, y es que Tarifa es una ciudad viva.Las manzanas de casas suelen ser de gran tamaño, y las recorren pasillos de distribución interna que en alguna ocasión tienen salida a dos calles. Éstas suelen ser estrechas y a menudo con quiebros, de modo que se evita el viento. Son varias las arterias principales que recorren la ciudad. En la parte alta, el principal acceso es la Puerta de Jerez, y desde ella, paralela a la muralla, discurre la hermosa calle Silos, llamada así por la presencia de la antigua Cilla Decimal, en la que se depositaban los diezmos pagados a la iglesia de los cultivos de la zona. Hoy día conserva sus hermosas naves con bóveda de cañón, que albergan una galería de arte y un restaurante. En su otro lateral se encuentra la calle Cilla, que se abre paso en la muralla a través del Boquete de la Cilla, cortado hasta la roca base, de donde viene también el nombre de calle Peñita.
El camino más recto para bajar a la ciudad se puede tomar por la calle Nuestra Señora de la Luz, con varios edificios notables, o bien por la casi paralela calle Jerez, más estrecha y recogida. Vamos a parar a la calle Sancho IV el Bravo, conocida por los tarifeños como La Calzada. Su forma, a veces serpenteante, se debe a que está construida sobre el antiguo cauce del arroyo que cruzaba la parte más baja del pueblo. Era salvado por varios puentes, hasta que fue desviado y cubierto a fines del siglo XIX, por ser un foco de insalubridad y por el peligro de inundaciones, aunque todavía se ha producido alguna, la última en 1970. En ella podemos encontrar la iglesia de San Mateo, y también algunos de los negocios más tradicionales del pueblo. Todo el entorno tiene muchos detalles por descubrir, como la calle Azogues, con algunos de los edificios civiles más antiguos de Tarifa. Desde ella podemos continuar a través de la calle Coronel Moscardó -en donde encontramos la Sala Municipal de exposiciones en la Cárcel Real- hacia la Plaza del Mesón, con su fuente que fue la primera construida en Tarifa, en 1831, y que se abre a las calles Guzmán el Bueno y Aljaranda, cuyas casas se adosan al castillo y las murallas, y de allí hacia el Miramar, con fantásticas vistas del Estrecho. Un poco más adelante se halla la Plaza de Santa María o “de las ranitas”, por la fuente. En ella encontramos el Ayuntamiento, el Pósito, del siglo XVIII, y el antiguo grupo escolar Miguel de Cervantes, hoy Biblioteca, uno de los tres edificios construidos en estilo neomudéjar en torno al 1924, bajo la Dictadura de Primo de Rivera.
El casco histórico de Tarifa, declarado Conjunto Histórico, conserva calles y viviendas tradicionales que se pueden recorrer a pie. Sus casas suelen organizarse alrededor de un patio al que se accede por un zaguán. En los edificios barrocos, los arcos descansan sobre columnas de piedra o pilares octogonales de ladrillo; también abundan las construcciones del siglo XIX.
Para planificar el recorrido, consulta el mapa de la ciudad y la guía turística.
Descargar mapa de la ciudad (PDF) · Guía turística oficial (PDF)
Información adaptada de la guía turística oficial. El enlace original de este apartado no está disponible.

Es el templo más antiguo de la ciudad y fue la iglesia Mayor de Tarifa hasta 1546 está emplazada dentro del recinto del Castillo de Guzmán el Bueno.
Su advocación es a Santa María, lo que era muy habitual en tiempos de Alfonso X y Sancho IV. Es de planta cuadrada y estaba cubierta en su origen por una cúpula de media naranja sobre trompas de arista. Aún hoy se conserva su impronta en los muros en forma de arcos apuntados. En la zona del presbiterio hay cuatro columnas romanas reutilizadas sobre basas también romanas que enriquecen el espacio. En el subsuelo se ha conservado un nivel constructivo romano de época republicana (siglo I a. C). Su nave central es más ancha y elevada y en la portada existía un rosetón tal como apreció Van der Wyngaerde. En los muros laterales se abren ventanas estrechas en ladrillo y en piedra con arcos de medio punto y doble abocinamiento al exterior e interior en una posición elevada como precaución defensiva. La puerta principal del templo fue sustituida en el siglo XVII por otra de estilo manierista con arco de medio punto entre pilastras y está realizada en sillarejo. En su exterior se situaba un atrio, en cuyo subsuelo apareció una pila bautismal en piedra. El presbiterio quedó integrado en el edificio contiguo del actual Ayuntamiento con el que estaba comunicado con varias puertas. Su subsuelo fue aprovechado para enterramientos, dispuestos en densas alineaciones definidas por unos muretes. En el espacio entre el exterior del templo y el castillo también se localizaban tumbas hasta el s.XVIII.
Tras una rehabilitación en la que se ha recreado la forma original de sus cubiertas, hoy es una sala municipal y es visitable durante el horario del Castillo de Guzmán.

“…Baelo es un puerto donde generalmente se embarca hasta Tingis(Tánger), en Mauritania. Es también un emporio que tiene fábricas de salazones…” Estrabón (año 18 d.C)
¿Cómo llegar a Baelo- Claudia?
Abandonando Tarifa por la carretera nacional 340, sentido Cádiz, al llegar al punto kilométrico 70,2, tomar la carretera local de Bolonia CA.P.8202, hasta llegar a la Ensenada y playa de Bolonia donde se ubica Baelo.
La ciudad de Baelo- Claudia, situada en la orilla del Estrecho de Gibraltar, se halla emplazada en la parte oeste de la ensenada de Bolonia. Las sierras de la Plata y San Bartolomé forman un arco que la dejan enmarcada entre montañas, de forma que fue el mar su mejor medio de comunicación, y a él le debe su riqueza y reputación. La industria pesquera, fundamentalmente del atún, constituyó su principal fuente económica.
Las excavaciones han sacado a la luz el conjunto urbano romano más completo de toda la Península Ibérica, con monumentos de extraordinario interés como son la Basílica, el teatro, el mercado y el templo de Isis.
El conjunto arquitectónico integra un espacio expositivo, museístico, de restauración y de almacenamiento, para la custodia de sus numerosos bienes muebles procedentes de las distintas excavaciones practicadas en esta zona arqueológica desde principios del siglo pasado. Posee además una biblioteca temática especializada en el mundo romano, una sala de conferencias y un archivo científico compuesto por la amplia documentación generada por los estudios realizados en Baelo-Claudia. El espacio expositivo está compuesto por dos salas de exposición permanente y una destinada a muestras temporales. Las salas de exposición permanente están integradas en un espacio a doble altura iluminado cenitalmente desde un patio longitudinal que recorre el lado sur de la sala, donde podemos ver una imagen amplia de la Ensenada de Bolonia. Tras el acceso y la visita a estas salas, el recorrido discurre hacia la sala de exposiciones temporales, un ámbito más dinámico que enlazará con el acceso a la ciudad romana.
Historia de Baelo-Claudia
La ciudad de Baelo-Claudia es un yacimiento arqueológico romano que nace en el s.II a.C. en una zona altamente estratégica como lo es el Estrecho. Su origen y posterior desarrollo están muy ligados al desarrollo de las industrias salazoneras y al comercio con el norte de África, siendo puerto de unión con la actual Tánger.
Sobre el cambio de era el emperador Claudio, consciente de la importancia estratégica de Baelo, tanto desde el punto de vista económico formando parte del llamado Círculo del Estrecho, como por ser el puerto de embarque de tropas en su proyecto de ocupación y romanización de la Mauritania Tingitana, con capital en Tingis, nueva provincia que él mismo había creado separándola de la anterior provincia de Mauritania en el año 42, se erigió en protector de la ciudad otorgándole el estatus de “municipium” y añadiéndole a la antigua denominación ibero-púnica su propio nombre: Baelo Claudia, como cincuenta años antes había hecho Octavio Augusto con Iulia Traducta. Se inicia un proceso de desarrollo urbanístico que culminará en la 1ª mitad del s. II d.C. con la construcción de un amplio foro monumental, edificios lúdicos y un destacado complejo salazonero, verdadero motor económico de la ciudad. Es en este periodo cuando Baelo recibirá el apelativo de Claudia, promocionando al municipio romano y disfrutando así la ciudad del período de prosperidad más importante de su historia.
Es el enclave histórico más conocido de la comarca y uno de los más visitados en Andalucía. Allí podemos contemplar todos los elementos de una ciudad romana. El entorno natural es inigualable. Recomendamos iniciar la visita por el centro de visitantes y el museo, desde donde veremos parte de uno de los tres acueductos que la abastecían a la ciudad. Encontramos después la muralla que rodea la ciudad. En el exterior se encuentra una gran necrópolis, que cuenta con algunos monumentos funerarios. La entrada a la ciudad la realizamos por la Puerta Este o de Carteia, ubicada en uno de los extremos del decumanus maximus, o calle principal en sentido este-oeste. Esta calle tiene una impresionante solería de losa de Tarifa, un tipo de piedra que se exportaba a otras ciudades del Imperio. Por debajo de la cual discurre una cloaca. Al sur de la calle, junto a la playa, encontramos varias cetariae o factorías de salazones de pescado y garum. Esta industria fue la razón de la existencia de la urbe. En ella podemos ver las piletas donde se depositaba el pescado con sal. Muchas de ellas tienen la habitual forma cúbica. Al norte del decumanus, en el cruce con del cardo máximo (calle principal en sentido norte-sur) encontramos el foro. Éste era el centro de la vida pública, estructurado en torno a una plaza con dos pórticos. En torno al foro podemos ver al sur la Basílica, destinada a la administración de Justicia. Hay que destacar las columnas restauradas y la reproducción de la estatua del emperador Trajano que fue encontrada en ese mismo lugar. Al oeste se encuentra el Tabularium o archivo, una sala de votaciones y otros edificios menores. Al este se encuentran las tiendas (tabernae). En el cardo máximo se encuentra el Macellum o mercado, construido posteriormente para alejar del foro el comercio. Este mercado cuenta con tiendas en torno al patio y tiene un pórtico en la fachada.
Volviendo al decumanus maximus, encontramos en su otro extremo la Puerta Oeste o de Gades, que toma su nombre porque señala el camino hacia esa ciudad. Junto a ella hay unas termas, quizás privadas por su reducido tamaño, en la que podemos ver las distintas estancias (caliente, templada y fría) constan con los pilares y arcos de ladrillo que sustentaban el hueco bajo el suelo, por donde circulaba el aire caliente, el hipocaustum. Si seguimos hacia la parte alta de la ciudad, llegamos al bien conservado teatro, que aprovecha en parte la ladera para la construcción de la cavea o graderío. Cerca del teatro podemos apreciar mejor la zona de culto, que dominaba el foro en altura desde su lado norte, con los templos dedicados a la tríada capitolina (Júpiter. Juno y Minerva) junto a los cuales se construye otro dedicado al culto mistérico de la diosa egipcia Isis, y que es el mejor conservado de ellos en Hispania.
Son muchas las actividades culturales que se realizan en el conjunto arqueológico de Baelo Claudia, talleres didácticos y visitas guiadas para estudiantes y público en general, algunas dramatizadas, espectáculos como conciertos o teatro clásico y contemporáneo (a veces aprovechando las mágicas noche de verano), congresos y cursos de arqueología, etc.
Al final del Imperio romano las ciudades de la zona parecen decaer, en parte por la crisis del sistema económico que daba salida a la producción de salazones, y en el caso de Baelo Claudia está atestiguada su destrucción por un terremoto en torno al siglo III d.C., tras el cual la ciudad pervivió hasta el siglo VII pero sin su pasado esplendor.
Baelo- Claudia representa un claro referente para el conocimiento del urbanismo romano y la vida en una ciudad durante el Imperio Romano, ya que aquí se localizan todos los elementos representativos que constituyen la esencia de una ciudad romana, es decir; el foro, los templos, la basílica, los edificios de carácter administrativo como la curia o el archivo, el mercado, el teatro, las termas, el barrio industrial, acueductos, la muralla completa,etc.
Horario de apertura al público
De martes a domingo. Lunes cerrado.
El acceso está permitido hasta 30 minutos antes del horario de cierre. Los museos y conjuntos arqueológicos y monumentales abrirán todos los días festivos. Incluídos los locales, con excepción del 1 y 6 de enero, 1 de mayo y 24, 25 y 31 de diciembre.
Si desean información sobre el resto de las actividades que se organizan (visitas, talleres didácticos,etc) o para cualquier otra consulta pueden ponerse en contacto vía web, e mail o telefónicamente:
Página web: www.museosdeandalucia.es
Teléfono: 956106793

Monumento Histórico Nacional y Bien Interés Cultural como Fortaleza/Alcazaba Califal del siglo X.
Magnífica obra de ingeniería defensiva erigida en la parte más alta del casco histórico por orden del califa Abderramán III de Córdoba a la que se han ido sumando nuevos elementos defensivos, estilos y usos como su etapa palaciega durante el siglo XVI en la que se introdujo el Renacimiento en Tarifa.
Su denominación de “Guzmán el Bueno” responde al comportamiento de don Alonso Pérez de Guzmán, alcaide de esta fortaleza durante el asedio que Benimerines, Nazaríes y el infante don Juan de Castilla asediaron Tarifa en 1294. Defendiéndola y para que continuara en manos cristianas no consintió en entregarla ni ante la amenaza de matar a su hijo ante lo que respondió arrojando su propio cuchillo. Por este gesto don Alonso fue merecedor del sobrenombre de “El Bueno” además de obtener otros grandes privilegios.
El estratégico cerro donde se sitúa el Castillo de Guzmán el Bueno ha conocido ocupaciones desde la Edad del Bronce, al menos desde el II milenio antes de nuestra era y al menos desde el s.VI a.C, un asentamiento fenicio, que por aquel entonces era una auténtica península, flanqueada al sur por el mar, que llegaba hasta sus pies, y al norte por un río. Los romanos también se establecieron como atestiguan el hallazgo de muros bajo el paso de la puerta de la Inscripción y el pavimento de losas de Tarifa roto por la cimentación del castillo califal en la sala diversas cerámicas y urnas funerarias en piedra.
Su planta es trapezoidal, con torres de flanqueo. En su interior destacan sobremanera sus muros califales, construídos con sillares (grandes piedras bien cortadas colocadas “a soga y tizón”, mostrando unos el lado más largo y otros el más corto), notables pinturas murales polícromas góticas y renacentistas, la sebka o friso mudéjar con motivos geométricos alternos de estrellas de ocho puntas y alfardones y azulejos renacentistas.
Los elementos más representativos son la torre albarrana que está unida al castillo por una coracha, la torre del homenaje y la Iglesia de Santa María.
Horario y precios
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Fue edificada a principios del siglo XVI, según datos de su archivo parroquial que atestiguan que ya en 1539 había culto en este templo. Su estilo, tanto en sus aspectos arquitectónicos como decorativos, responde al gótico más avanzado o flamígero, si bien su fachada no llegó a terminarse hasta principios del siglo XVIII. Actualmente sigue sin concluirse la Puerta de los Perdones, en la fachada lateral.
El templo fue construido a expensas de D. Fadrique Enrique de Rivera, marqués de Tarifa, quien, debido a un pleito con los vecinos de la ciudad, lo dejó sin concluir en su fachada, ésta se terminó dos siglos más tarde, de estilo neoclásico con piedra del lugar.
Las bóvedas son de crucería gótica y están bellamente decoradas con profusión de arcos, cenefas, adornos y figuras, destacando el relieve del Resucitado sobre el órgano -s. XVIII-, y el del Salvador rodeado por los doce apóstoles en la del crucero. La bóveda del presbiterio está decorada con símbolos de la Pasión.
La disposición actual de su ornamentación no es la originaria. En un primer momento, el presbiterio estuvo presidido por un retablo clásico, tipo fachada de basílica romana, cuyas piezas y cuadros están hoy repartidos por la Iglesia. Aquel primer retablo fue más tarde sustituido por un templete de inspiración gótica, buscando quizás una mayor sintonía con la arquitectura de la Iglesia y a principios de este siglo por el actual, obra del tallista tarifeño Lorenzo Jiménez. Piezas de aquel primer retablo son las columnas que hoy enmarcan algunos altares y portadas y los dos grandes lienzos que ocupan ambos lados del altar mayor(nacimiento de Jesús y Adoración de los Magos) y el magnífico Calvario que remata la portada que da entrada a la Capilla del Sagrario. En la parte posterior de la Iglesia existía un coro de sillería a través de todo el templo. De este coro hoy sólo queda parte de la sillería que está colocada detrás del altar mayor. El templo recibe la luz natural a través de unas vidrieras que se colocaron en el año 1962.
SINGULARIDADES
El cancel de acceso al templo es de caoba mexicana (s. XVIII), con incrustaciones de maderas nobles y leyendas alusivas al lugar sagrado.
Sobre el cancel se encuentra un magnífico órgano barroco del siglo XVIII de 713 tubos. A principios de este siglo se le cambió la caja por la gótica actual, buscando quizás la armonía con el resto de la Iglesia.
En la capilla Bautismal se encuentra la pila bautismal parroquial de mármol (s. XVIII); un gran cuadro del pintor tarifeño Agustín Segura (1953), que representa la exaltación de la Virgen de la Luz -patrona de la Ciudad- e incluye a la Parroquia de San Mateo y al santuario de la Virgen de la Luz (a 8 kilómetros de Tarifa); otro lienzo pequeño que representa al bautismo de Jesús; una talla de San Rafael de la Roldana (s. XVIII) y el templete plateado para la procesión del Corpus.
En la nave de la epístola: el Cristo de la Salud, talla de Pedro de Mena 8s.XVIII), una pequeña lápida funeraria del siglo VII adosada al muro, y encontrada en el Monte de la Peña, que atestigua la presencia cristiana en la zona anterior a la invasión islámica.
CAPILLA DEL SACRAMENTO o DEL SAGRARIO
Profusamente decorada con ladrillo de cerámica de tonos violeta y rosáceo y artística cerrajería en la verja de entrada, tribunas y comulgatorio. Esta capilla fue la antigua de San Pedro y se restauró a finales del s. XIX y está coronada por una bóveda bellamente adornada. El Sagrario se encuentra en el interior de un templete gótico dorado; en la parte superior del templete un crucifijo de talla; la Virgen del Sol, patrona de los pescadores, que pasó a la Iglesia de San Mateo cuando su ermita desapareció. Es talla policromada del siglo XVIII, todavía en esta capilla encontramos cuatro tallas , procedentes de antiguas iglesias tarifeñas.
CAPILLA DE SAN JOSÉ
Encontramos en el camarín del altar una imagen del Santo con el Niño; próxima a la puerta de la sacristía la talla de la Purísima, y se ubica la arqueta que han cobijado la Colección de Privilegios concedidos por los monarcas españoles a Tarifa.
PRESBITERIO
En el centro del templete gótico se encuentra una gran talla del apóstol San Mateo, titular de la iglesia, obra de Juan Montañés (1607), delante del manifestador un magnífico Crucifijo de marfil; la puerta del Sagrario es un bello lienzo del pequeño Buen Pastor enmarcado en plata, de la escuela de Murillo; los tres sillones de la sede de estilo gótico; dos relieves en las paredes laterales, uno del Padre Eterno y otro de Santiago Matamoros, procedentes de la antigua iglesia Santiago; balaustrada y atriles en hierro forjado en clara inspiración gótica.
CAPILLA DEL NAZARENO
En el camarín hay una magnífica talla completa de Jesús con la cruz a cuestas, obra de autor desconocido que data al menos del siglo XVII; también es talla el Cristo yacente que se encuentra bajo la mesa de altar; las imágenes laterales procesionan en la Semana Santa tarifeña.
RETABLO DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS
Es del siglo XVIII, y es una réplica del desaparecido del Altar Mayor y contiene obras meritorias; la imagen del apóstol San Mateo, titular de la Iglesia, obra de Juan Montañés (1607); relieves de la Santísima Trinidad y San Cristóbal; varios lienzos que representan a Jesús entre los doctores, bautismo del Señor, Circuncisión del Niño y Huida a Egipto; en la parte inferior dos tablas; uno del Nacimiento y otra de la Anunciación; a ambos lados del altar una tabla del Corazón de Jesús y otra de Jesús con la Eucaristía.
ALTAR DEL MEDINACELI Y LA ESPERANZA
Imagen de Jesús Cautivo y rescatado, talla del escultor gaditano Miguel Laínez Capote (1963).
PUERTA DEL PERDÓN
Esta puerta lateral de la Iglesia, llamada de los perdones encierra una original historia: Cuando en la Edad media Sancho IV reconquistó la ciudad a los musulmanes, su situación fronteriza, impedía que sus habitantes tuvieran una vida tranquila, por lo que muchos preferían no instalarse en ella. Fué entonces cuando el rey, para estimular a los cristianos a venir a residir en ella, concedió privilegios y franquicias; aquellos que residieran un año y un día en la ciudad se verían perdonados de sus delitos, entraban seguidamente por esta puerta de los perdones en la Iglesia y se celebraba una solemne acción de gracias.
ALTAR DE LOS DOLORES
Antiguo retablo de la Iglesia de SANTA MARÍA del siglo XVI, con relieve de la Anunciación en la parte superior y tablas pintadas en la inferior.
En la sacristía se conserva una composición pictórica en tabla con el icono de la Virgen del perpetuo Socorro, obra del pintor tarifeño Guillermo Pérez Villalta (1981)

La iglesia de San Francisco data de inicios del siglo XVI, pero a fines del siglo XVIII fue casi completamente demolida y vuelta a construir, por lo que actualmente posee elementos barrocos y sobre todo neoclásicos.
Tiene curiosos detalles como el campanario que es una prolongación de la parte central de la fachada o la decoración del cordón pétreo que rodea la puerta principal. Es un templo de tres naves, la central es más ancha y más alta y se prolonga en un ábside hacia el presbiterio. Las naves laterales cuentan con un primer piso a modo de galería, para conseguir que tengan cabida más fieles. El conjunto se apoya sobre pilares cúbicos y arcos de medio punto. Tiene sus bóvedas sencillas, de lunetos. También cuenta con una valiosa imaginería religiosa, con las piezas más antiguas de Tarifa, como el Crucificado Santo Cristo del Consuelo, del siglo XVI.
HORARIO
Lunes – Sábados | 10.00–13.00 |
18.15–20.15 | |
Domingos | 09.15–11.00 |

La Isla de Tarifa es la última estribación rocosa del continente europeo, antes de sumergirse en aguas del Estrecho. Su punto continental, más meridional, la Punta de Tarifa lo ocupa en la actualidad un faro, construido en el siglo XIX aprovechando una torre almenara del siglo XVI. Fue el primero del Estrecho de Gibraltar.
Las visitas al Centro de Interpretación de la Isla de Tarifa se encuentran canceladas debido a problemos técnicos. Disculpen las molestias.
centrodeinterpretacionisladetarifa@aytotarifa.com
Tl: 678 904 046
Por su ubicación, justo en el punto donde los mares se ensanchan, debió resultar un lugar mágico para los navegantes que se aventuraban en sus aguas. Del paso de los fenicios por la isla quedan una serie de hipogeos o tumbas excavadas en la roca con entrada por medio de un pozo, situadas en el sector más próximo al puerto También se piensa que pudo albergar un templo fenicio.
La isla, de una extensión mayor a la de todo el casco histórico, está formada por dos tipos de roca: la capa inferior es de areniscas silíceas, que están dispuestas en crestas rocosas y forman la mayor parte del relieve de la zona. A estas capas se superpone otro tipo de roca conocido popularmente como ostionera, formado más recientemente por antiguas playas y fondos marinos fosilizados y está compuesta por gran número de conchas de moluscos. Esta piedra, blanda y fácil de trabajar, ha sido tradicionalmente empleada en la construcción (por ejemplo, del castillo de Guzmán del Bueno). Su extracción ha modificado notablemente la morfología de la isla, siendo todavía visible la cantera junto al mar, por donde se transportaban las rocas en barco, o en la entrada de la isla, cuyo murallón defensivo es en buena parte la misma roca cortada.
La isla no albergó ninguna fortificación hasta 1588 cuando se construyó la torre que hoy alberga el faro. Más adelante en el siglo XIX se construyen en su perímetro una dársena fortificada y una completa serie de baterías, cuarteles y un impresionante polvorín subterráneo, excavado en la roca para la defensa de Tarifa contra los franceses.
En 1808 se construye la escollera que une la isla con Tarifa. Desde el momento de su construcción, marca la línea divisoria entre dos mares. En la parte del Mediterráneo la arena que antes se situaba en La Caleta se deposita ahora en la cala junto a la isla, creando la popularmente conocida como “Playa Chica”, a donde tarifeños y tarifeñas les gusta acudir, a resguardo de los vientos. Allí también se realizan los “bautismos” de buceo o primera inmersión. Al otro lado del itsmo, ya en el Atlántico, comienzan los 10 km de la Playa de Los Lances y Valdevaqueros, de fina arena.
Recientemente y gracias a la colaboración entre administraciones y entidades públicas se ha logrado la recuperación y restauración del edificio anexo al faro de Tarifa -antigua viviendas de los fareros y sus familias- y se ha dotado de una infraestructura museística al edificio. Bajo el lema “La Isla de Tarifa. Testigo de la Historia del Estrecho”, el centro de interpretación divide su temática informativa en cinco bloques:
- El Estrecho de Gibraltar, encrucijada de caminos;
- Los fondos de la Isla, llenos de vida e historia;
- La historia de la Isla;
- La Isla como baluarte defensivo y
- El Faro de la Isla, vigía del Estrecho
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OFICINA DE TURISMO DE TARIFA
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La Puerta de Jerez es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Es la puerta del último recinto amurallado que fue construido en el siglo XIII, quizás bajo el dominio de los meriníes norteafricanos, que hicieron de Tarifa su principal puerto.
Se trata de una puerta intercalada entre dos torres cuadradas con acceso recto. Está formada por tres arcos consecutivos. El primero es de tendencia ojival, en piedra arenisca. Tras él se abre una bóveda de cañón que está separada de la puerta por una posible acanaladura de un rastrillo. Luego se encuentra el primer arco de herradura y a continuación una bóveda de tendencia esquifada, que abre paso al tercer arco que es también de herradura, abierto hacia la población.
En el año 2000 fue restaurada, habilitándose un espacio para la colocación del retablo “El Cristo de Los Vientos” obra del artista tarifeño Guillermo Pérez Villalta.
El escudo situado en la parte superior de la puerta acompaña a la leyenda que recuerda la toma de la ciudad por Sancho IV el Bravo en 1292, “MUY NOBLE, MUY LEAL Y HEROICA CIUDAD DE TARIFA”.
Desde la Puerta de Jerez podemos ver varias calles típicas como:
Calle Silos
Debe su nombre a los pósitos que existieron en la misma.
Calle de la Luz
Siempre ha contado con numerosos comercios, por lo que es una calle muy transitada.
Calle Pesos
Se realizaban las pesas del grano procedentes de los silos, aún se encuentra en el nº 4 el gancho donde se sostenía la romana.
Calle de Jerez

El Castillo de Santa Catalina se encuentra sobre el cerro de Santa Catalina. Este cerro era una de las islas que posteriormente se unieron al continente debido a la arena de la playa y los sedimentos arrastrados por el arroyo que cruzaba Tarifa. Debe su actual nombre a una antigua ermita dedicada a Santa Catalina de Siena, cuyo único testimonio gráfico es un dibujo realizado en 1567. La ermita tenía una sola nave y una pequeña espadaña. En sus inmediaciones existió un manantial. Al ser un lugar apartado, sirvió como lazareto durante la epidemia de peste del siglo XVII.
Pero pronto, por su posición elevada y de control estratégico sobre la isla de las Palomas y el castillo, comenzó a tener uso militar. En 1771 la ermita fue convertida en almacén de pólvora. Durante la Guerra de la Independencia los ingleses la demolieron, empleando como mano de obra los presos de Tarifa. Realizaron las obras de un fuerte para artillería, reforzado por la construcción de un profundo foso seco, excavado en la misma roca del cerro, y que hoy todavía es visible en parte. Tras la guerra, en 1813, los ingleses abandonan Tarifa.
En 1928, el cerro de Santa Catalina fue solicitado por la comandancia de Marina para construir un castillo que sirviera como complemento del faro de la Isla para funcionar como semáforo del puerto. Las obras del esbelto edificio fueron acabadas en 1933, en un estilo historicista que podemos clasificar como neogótico. Tras la Guerra Civil, las defensas se reforzaron con varios búnkeres, comunicados entre sí por túneles. En el año 1972 se instaló el observatorio meteorológico de la Marina, que en el 2000 se trasladó a otro lugar, pasando Santa Catalina a ser de nuevo propiedad municipal, aunque se encuentra actualmente cerrado al público.

Nuestra Señora de la Luz es la patrona de Tarifa. Tiene su santuario a unos 8 km de la ciudad. Fue mandado construir por Alfonso XI para conmemorar la victoria en la batalla del Salado (1340). Según cuenta la leyenda La Virgen intervino, prolongando el día para que las huestes cristianas pudieran culminar su victoria (de ahí su nombre).
Su construcción data cuando menos del siglo XVI, pero fue arrasada por las tropas napoleónicas y reconstruida en el mismo siglo XIX. Está ubicada en pleno corazón del Parque Natural de Los Alcornocales.
Esta Capilla cuenta con un atractivo especial. Su estructura es de planta de cruz latina formada por tres naves y una capilla mayor. Su forma actual es fruto de numerosas modificaciones. Incluye una capilla, un patio anexo y dependencias para la Hermandad y los caseros. En la iglesia se aloja la imagen de la Virgen de la Luz que data de finales del s. XVI o principios del XVII.
Su fiesta se celebra en septiembre con una romería, una procesión y una cabalgata agrícola, declarada de Interés Turístico de Andalucía en marzo de 2010. Este es un evento en el que la Virgen es llevada desde el Santuario hasta la ciudad, acompañada por feligreses a pie y por cientos de jinetes a caballo. El último sábado de septiembre, es tradición pasar por debajo del manto de la Virgen en la Iglesia de San Mateo debido a que es el último día que permanece en el pueblo. A la mañana siguiente, cuarto domingo de septiembre la Virgen vuelve al Santuario y se celebra allí la conocida Romería de la Virgen De La Luz.
Contacto: 956 68 29 57

Las torres vigías o almenaras complementaban el sistema de defensa. Estas torres creaban una red que permitía comunicar alarmas o mensajes por medio de humo de día o llamas de noche. Los cristianos reforzarán el sistema existente desde la época de la invasión musulmana. Para ello construyen otras nuevas torres, para protegerse de los numerosos ataques berberiscos que buscaban capturar personas y ganado.
De todas las torres ubicadas en el término tarifeño, la más antigua y también la más visible es la torre de la Peña, conocida también como Roca del Ciervo. La cual controlaba la Ensenada de Valdevaqueros. Fue construida por los musulmanes entre los siglos XII y XIII, y es de planta cuadrada. Se sitúa sobre una escarpada peña y fue siempre un lugar muy valioso para controlar el acceso terrestre a Tarifa desde poniente. Por ella discurre lo que hoy es la Carretera Nacional 340, construida probablemente sobre la antigua Via Heráclea romana. Está atestiguada la lucha que se produjo al pie de la torre durante la Batalla del Salado, el año 1340, o los enfrentamientos entre las fuerzas hispano-británicas y francesas en la Guerra de la Independencia contra los franceses.
Destacan también las torres del siglo XVI, del cabo de Gracia (convertida en faro en el siglo XIX, como la de la Isla) y de Guadalmesí. Pero el sistema continuaba hacia el interior, del cual son testigos en la zona de Puertollano la Torre del Rayo, musulmana, y la Torregrosa, cristiana y más amplia y lujosa. La riqueza en agua de esa zona era aprovechada para instalar molinos hidráulicos, de los cuales todavía se conserva alguno en funcionamiento. En la zona de Facinas se repite un esquema similar, con restos de varios molinos. Como hemos dicho, además de la pesca, la base de la economía tradicional de la zona ha sido la ganadería, la agricultura y la explotación de los recursos de los montes (madera, carbón, corcho, miel).
Tarifa en la Ruta de los Almorávides y Almohades
El recorrido de esta Ruta, que parte de la ciudad de Tarifa es la mejor forma de descubrir la herencia de los Almorávides y los Almohades, dinastías de origen africano que dejaron su impronta en numerosos vestigios arquitectónicos en al-Andalus.
El camino discurre por 400 kilómetros a lo largo de dos ramales por las provincias de Málaga y Cádiz, visitando poblaciones costeras, de campiña y de sierra. Después de visitar atractivas ciudades como Cádiz y Jerez de la Frontera, ambos ramales confluyen en Ronda (Málaga).
En su parte final, este camino transcurre por la Axarquía malagueña y sigue hasta llegar a Granada el recorrido descrito en el libro de viaje o “Rihla” de Ibn Battuta, viajero nacido en Tánger y que en sus relatos reflejó la sociedad del siglo XIV. Los restos musulmanes que encontramos en esta Ruta son esencialmente defensivos, tales como el castillo de Vélez Málaga.